No es país para viejos

“Después de su muerte soñé dos veces con él. No recuerdo del todo el primer sueño pero era que le encontraba en la ciudad y él me daba dinero y yo creía que lo perdía. Pero el segundo sueño era como si hubiéramos vuelto a los viejos tiempos y yo iba a caballo por las montañas en plena noche. Cruzando un desfiladero. Hacía frío y había nieve en el suelo y él me adelantaba a caballo y siguió adelante. Sin decir palabra. Simplemente pasaba de largo y llevaba una manta sobre los hombros y la cabeza gacha y al adelantarme yo veía que llevaba fuego en un cuerno tal y como solía hacer entonces la gente y yo podía ver el cuerno por la luz que había dentro. De un color como de luna. Y en el sueño yo sabía que él tomaba la delantera para preparar una gran fogata en alguna parte en medio de aquella oscuridad y aquel frío y yo sabía que cuando llegará él estaría allí esperando. Y entonces me desperté.”

Con este párrafo acaba la magnífica película de los hermanos Coen y el soberbio libro de Cormac McCarthy. No es país para viejos es una historia emplazada en la Texas fronteriza de principios de los 80, una historia sobre consecuencias, el agotamiento y la crudeza de la vida. Las consecuencias se llaman Lewelyn Moss, un veterano de Vietnam que se gana la vida como soldador y que un día, en el dantesco escenario de un ajuste de cuentas de narcos, encuentra un maletín con 2,4 millones de dólares. El agotamiento se llama Ed Tom Bell, un sheriff del condado de Terrell. Héroe por accidente de la Segunda Guerra Mundial que cuestiona cada día la clase de mundo en el que le ha tocado vivir. La crudeza recibe el nombre de Anton Chigurh, un cazarecompensas para el que la vida de una persona tiene tanto valor como elegir entre cara o cruz.

Un día, las vidas de estos tres hombres, sin llegar a verse las caras jamás, se cruzan. Moss encuentra el maletín, Chigurh tiene que recuperarlo y Bell es el encargado de investigar el caso y de buscarle sentido al reguero de cadáveres que va dejando Chigurh a su paso. Pero la maestría de McCarthy no reside en construir un thriller de acción al uso, que lo hace de manera magistral mientras le interesa, sino en como lo utiliza como excusa para presentarnos las consecuencias psicológicas de dos terribles guerras que, sumadas al estilo de vida americano y ,apretando un poco más, a la vida mas rural y conservadora de la zona sur de los Estados Unidos; nos presentan una región ahogada por las drogas, las armas y la violencia sin sentido. Todo esto nos es narrado por la voz del sheriff Bell que, al principio de cada capítulo, nos presenta un monólogo en el que reflexiona en vano para comprender el mundo en el que le ha tocado vivir y encontrarle una razón a todo lo que en su vida como agente de la ley ha tenido que sufrir. Como da a entender en el último párrafo de la novela, a él le hubiera gustado ser como su padre; un simple vaquero que murió joven y sin muchas preocupaciones. Pero no, a él le tocó despertar y vivir la cruda realidad.

La obra de McCarthy, así como la película de los hermanos Coen, es una obra que es posible que engañe y decepcione al público casual. Pero altamente recomendada para los que buscamos algo más que simple entretenimiento.

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Una respuesta to “No es país para viejos”

  1. […] exterior de Cormac McCarthy; autor del que, después de haberme leído sus últimos libros (aquí y aquí) y haber quedado gratamente sorpendido, he decidido comenzar a leer su bibliografía en […]

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